Adquirir una caña parece que hoy es, en pesca a mosca, lo más importante de todo cuanto el pescador debe realizar. La importancia que se le da, ha superado lo inimaginable; sus precios se han disparado de forma que un modelo puede costar aproximadamente diez veces lo que otro parecido, y hasta parece que el nivel como pescador se mide por el precio de la caña que se lleva.
Pesco muchas jornadas al año, aproximadamente ciento cincuenta, y lo hago con diferentes cañas (incluso hasta cuatro diferentes por día) que en su momento fueron compradas con los principios que luego expondré. Pocas veces noto la diferencia de uso con la que los pescadores conocen como mi ” caña estrella” o caña cara.

En principio si las cañas no tuvieran ni marca ni precio, si les faltara el barnizado (tan negativo en pesca por su brillo )o simplemente no pudiéramos verlas, muchos de los principios en los que se basa su venta actualmente quedarían sin importancia. Entre estos principios están: la distancia en el lance, la forma de posada y el peso.
Las marcas, las terminaciones de los portacarretes, y la publicidad no hacen que una caña gane en calidad de lance ni de posada. La adaptación a su acción, las anillas, el peso y poco más, son los elementos que convierten una simple caña en una caña de calidad. Pero aún hay más. Cuando se compra una caña solamente se piensa en ella como arma lanzadora y no como lo que en realidad es: una caña de pesca. Y es que la misión de una caña es poner la distancia adecuada entre el pescador y el pez, de forma que el hilo de pesca no roce en las corrientes y no arrastre con éste el cebo de forma no natural.
Pero cada pescador debe buscar su propia y personal calidad de acuerdo con sus necesidades de pesca, y decimos personal porque no todos pescamos los mismos ríos ni lanzamos de la misma forma.
La primera regla para la adquisición de una caña es saber la capacidad de adaptación que el pescador tiene a su acción. Una caña, independientemente de su acción, responderá de la misma forma en manos de un pescador rápido que de uno lento. Responderá con la misma rapidez de recuperación en un lance de muñeca que de brazo. Es el pescador quien debe adaptarse a cada acción. Repetimos que la caña no se adapta al pescador.
También, con el nombre de potencia, se denomina la capacidad de lance de una caña. En principio la caña no tiene ninguna capacidad de lance, es el equipo formado por hombre y caña lo que impulsa la línea. Existen realmente cañas que tienen más fuerza que otras y que por tanto pueden ponernos la línea a mas distancia que las demás con el mismo esfuerzo ¿pero a precio estamos pagando el cm?. ¿De que nos sirve en pesca práctica apurar el último metro para no poder clavar o rayar de inmediato?. Cualquier caña de calidad media puede pescar un río medio de la península, siempre que el brazo que la maneje sepa como hacerlo. Y es éste, en muchos casos, el punto donde reside el problema.
Podríamos añadir como segunda regla que una caña debe ser lo más larga posible que el río pueda soportar. Repito que la misión de una caña no es solamente lanzar, también debe pescar. Y para mantener la línea sobre las corrientes nada mejor que una caña larga, sin que por ello debamos pagar el precio de la incomodidad del lance.


Una tercera regla (esta aplicable a quienes tienen problemas de lance) es que sea de acción de punta. Con esta acción las líneas vibran o se mueven menos mientras desarrollan el bucle, evitando el encuentro entre la mosca y la propia línea.
El alto precio de una caña no garantiza el lance de la línea ni las posadas suaves. Es más importante aprender a lanzar que el precio de una caña.
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